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Canción patriótica (1810) - Esteban de Luca (Buenos Aires, Virreinato del Río de la Plata, 2 de agosto de 1786 – Río de la Plata, 17 de mayo de 1824)


Sudamericanos,

mirad ya lucir

de la dulce patria

la aurora feliz.


La América toda 

se conmueve al fin,

y a sus caros hijos

convoca a la lid,

a la lid tremenda

que va a destruir

a cuantos tiranos

ósanla oprimir


De la gloria el genio

ardor varonil

infunda en los pechos; 

su fuerza sentid.

Si el déspota impío

atentare vil

vuestra libertad,

al punto acudid. 


España fue presa

del Galo sutil,

porque a los tiranos

rindió la cerviz.

Si allá la perfidia 

perdió a pueblos mil,

libertad sagrada,

y unión reine aquí.


La patria en cadenas

no vuelva a gemir, 

en su auxilio todos

la espada ceñid.

El padre a sus hijos

pueda ya decir:

gozad de derechos 

que no conocí.


De la patria al ceno

volando venid,

que el sol os preside

en su alto zenit. 

Bellas argentinas,

de gracia gentil,

os tejen coronas

de rosa y jazmín.






Esteban José Mariano de Luca y Patrón (Buenos Aires, Virreinato del Río de la Plata, 2 de agosto de 1786 – Río de la Plata, 17 de mayo de 1824) fue un poeta y militar argentino, director de la Fábrica de Armas de Buenos Aires en los años siguientes a la Revolución de Mayo. Fue amigo del poeta Vicente López y Planes (letrista del Himno Nacional Argentino de 1813). Vivió en San Telmo, donde todavía se encuentra su casa con una placa en la fachada, sobre la calle Carlos Calvo, entre Defensa y Balcarce.



Buenos Aires Vos Quien Sos - Julieta Laso (2018)


Caprichosa, la reina del Plata
Colecciona amores que te matan
Goyeneche, Troilo, Maradona
Macedonio, Borges y un idioma

Que va al vesre como este destino
Gambeteando piñas, Nicolino
Sos Eladia y nazar anchorena
El peine de Ringo Bonavena

La que me hace llorar, la dueña de mi amor
(Buenos Aires, ¿vos quién sos?)
La de avenida Alvear, puta en Constitución
(Buenos Aires, ¿vos quién sos?)
La risa de Gardel, las manos de Perón
(Buenos Aires, ¿vos quién sos?)
Lisandro y yo en un bar, Narciso al mostrador

Esta alergia cada primavera
Coche te pisa, bondi que no frena
Sos Cerati, Charly, Luca Prodan
Nelly Omar y Manzi, Ferrer y Piazzolla

Reino del revés de María Elena
Ya no habrá más olvido ni pena
Clase media, progre y remolona
Merca que acelera las neuronas

Pompeya y más allá, siempre la inundación
(Buenos Aires, ¿vos quién sos?)
Luis Spinetta luz, Miguel Abuelo sol
(Buenos Aires, ¿vos quién sos?)
Los tanos del café puteando contra Dios
(Buenos Aires, ¿vos quién sos?)
Martín de Villarreal, los pibes Cromañón

Agua con azufre, puro riachuelo
Político miente, palomas al cielo
Rosalinda, oasis en Flores
Santa Rita con su mal de amores
La Boca, Quinquela, la Fernández Fierro
Mis noches de gato, mis días de perro
Pecados y culpa, virgen milagrosa
Trucho que te vende cualquier cosa

El de "chau, no va más", la de naranjo en flor
(Buenos Aires, ¿vos quién sos?)
La Mezzeta, Güerrín, cerveza en El Balón
(Buenos Aires, ¿vos quién sos?)
El Laucha con su cruz, las noches del Tuñón
(Buenos Aires, ¿vos quién sos?)
La barra de José por puente Pueyrredón

Nos une el amor hasta el espanto
Clarín, La Nación, Espíritu Santo
San Martín de Tours, Liniers, Mataderos
Villa 21 y Puerto Madero
Umbral, calle Honduras, verso de Carriego
Moris caminando por plaza Dorrego
Libros por Corrientes, San Telmo empedrado
Las mejores minas que hay ningún lado

Paragua de fumar, abril lleno de flor
(Buenos Aires, ¿vos quién sos?)
El hotel Castelar, Rivadavia y Rincón
(Buenos Aires, ¿vos quién sos?)
Sos Lugano 1 y 2, el Tripa con Limón
(Buenos Aires, ¿vos quién sos?)
Tu maldita humedad, tu bendita canción









Cuando ideal y real se cruzan


Cines: Lorca, Lugones, Gaumont, 

Pizzas: Angelín, La Mezzeta, Güerrín, 

Cafés: Celta, Galgos, Gato negro

Helados: Scanapiecco, Cadore, Rapanui.


La enumeración de mis lugares predilectos

de citas ideales y reales.


Sumo parques: 

Lezama, Centenario, Las Heras, Rivadavia

Eventos: recitales, festivales, fiestas y cumpleaños...


Y la bici como el vehículo.







Lorca, Lugones, Gaumont, Güerrín, Celta, Galgos


Pienso que recordamos los lugares por las personas con las que estuvimos ahí. Y creo que mis mejores encuentros y citas han sido en cines de la Ciudad de Buenos Aires. No solo porque me apasiona el séptimo arte sino porque creo que ir al cine tiene algo de ritual de otro tiempo, hasta de caverna, cueva, y de meterse en otro mundo por un rato. 

Por ejemplo, me acuerdo del cine en la Diagonal ahí a menos de media cuadra de la 9 de julio, y cuando iba con mi hermano prácticamente todas las semanas, al menos una vez por semana. Cuando cerró ese cine, pasamos al Lorca.

Recuerdo los cines del Abasto y el Bafici ahí, tantas películas que vi ahí. Y participar de charlas con cineastas como Julien Temple o Patricio Guzmán por las Masterclasses que daban en el Bafici que hiciera retrospectiva sobre ellos. Recuerdo que no había cámara en los celulares todavía. No estaban todos tan captados por el celular y las redes sociales. El facebook solo se abría en computadora. Y se "estilaba" el mensaje de texto para pautar encontrarse, no se usaba el celular para mucho más que para algún detalle necesario, coordinar citas y hacer llamados muy esperados o casuales.

Pienso en el Gaumont también, en los distintos festivales de cine y ciclos. Y en la sala Lugones, que fui a ver Roma cittá aperta con un poeta brasileño que conocí en mi trabajo.

Me la pasaba paseando en mis veintis. No paraba ni por una hora quizás me atrevo a decir… tenía tanta sed de conocer más y más de la ciudad y así de mí... La avidez no me permitía descansar, una cosa me llevaba a otra y no me detenía a descansar siquiera. Igual, dormía lo justo y necesario. 

Me sentía tan estimulada por el arte y los vínculos nuevos, y por conocer constantemente gente joven y artistas, que no quería detenerme. Simplemente, sentía que era lo que necesitaba de mis veintis: enriquecerme, nutrirme del arte y vivir al 100% la juventud con más y más arte, encuentros, lugares, fiestas, ciclos, cine, libros, parques… etc.

Y el cine era un lugar al que me metía todas las semanas por una nueva historia audiovisual...






Piedras, llegando a Chile - Santiago N. Enriquez (junio 2025)



Por aquí pasé pocas veces.

Signo en una línea del poema

luego se bifurcaron las calles 

como se van 

las muchedumbres a sus casas

en esta noche que nadie quiere

que todos necesitan pasar

para llegar al fin de mes.


Será por eso que la parrilla

está vacía, y solo el olor a grasa vieja

llega al poema, como dejando pobre

todo símbolo y toda exaltación.


Y, en la otra esquina, alguien pasa

y se demora para prender un cigarro

o revisar un mensaje, pero no para 

admirar lo que yo admiro

en Piedras, llegando a Chile.








Piedras y Chile - Jorge Luis Borges (1984)




Por aquí habré pasado tantas veces.
No puedo recordarlas. Más lejana
que el Ganges me parece la mañana
o la tarde en que fueron. Los reveses
de la suerte no cuentan. Ya son parte
de esa dócil arcilla, mi pasado,
que borra el tiempo o que maneja el arte
y que ningún augur ha descifrado.
Tal vez en la tiniebla hubo una espada,
acaso hubo una rosa. Entretejidas
sombras las guardan hoy en sus guaridas.
Sólo me queda la ceniza. Nada.
Absuelto de las máscaras que he sido,
seré en la muerte mi total olvido.








En Atlas (1984), luego en Los Conjurados (1985)








Para preservar la memoria de un poeta / To preserve the memory of a poet : Evaristo Carriego (artículo en Buenos Aires Herald, 10 de febrero de 1973) Por Ronald Hansen


Para preservar la memoria de un poeta (artículo publicado en Buenos Aires Herald, 10 de febrero de 1973)


El poeta Evaristo Carriego murió a los 29 años, pero dejó una marca indeleble en la Buenos Aires que amó. Tanto fue así, que la historia de La costurerita que dió el mal paso - o, para traducirlo al idioma adecuado del cambio de siglo, la pequeña costurera que se encontró con un destino peor que la muerte -, se volvió una frase clásica usada por centenares de personas que han olvidado, o nunca supieron, que Carriego escribió ese poema en primera instancia.

Carriego era un romántico, un burgués que adhería a las ideas anarquistas mucho antes de que el bolchevismo haya nacido, y una apropiada madeja ha sido tramada en torno a las circunstancias de su muerte. Tuberculosis era la manera romántica de irse sesenta años atrás - Carriego murió en 1912 - y TB tenía que ser para los historiadores.

Pero el pintor y admirador de Carriego, José María Mieravilla, 52, está hecho de una materia muy fuerte para tomarse todo esto desde el valor aparente. Mientras se discute el proyecto que Mieravilla se propuso emprender, que la casa donde Carriego muriera sea convertido en museo, revela el resultado de su ardua investigación en todo lo que Carriego pensó e hizo en sus prolíficos 29 años.    

"En realidad, murió de peritonitis", dice Mieravilla. "Había sufrido dolores por bastante tiempo. Pero era un hombre de casta romántica y ese tipo de personas habitualmente le teme a la sala de operaciones - ¡particularmente en 1912!".

Un día su apéndice inflamado llegó a lo peor y Carriego murió dos o tres días después", dice Mieravilla. Falleció en su casa sita en Honduras 3784 (antes Honduras 84, hasta que cambió el sistema de numeración de las calles", dice Mieravilla). Esta casa todavía está en pie y es propiedad de Enrique Carriego, hermano de Evaristo. Con característica energía, Mieravilla obtuvo firmas de centenares de personas, muchas de ellas artistas reconocidos, o gente de letras. Y presentó una petición al Intendente de Buenos Aires para que la casa sea expropiada y convertida en museo.

"Fue muy difícil al principio," dice Mieravilla. "Pero hubo un giro importante cuando conocí al Intendente de San Isidro, Pedro Llorens, quien era amigo de su par en la Ciudad: Saturnino Montero Ruiz, y así el expediente empezó su largo camino - aún incompleto al momento de esta nota."

"Conseguimos la aprobación de Enrique Carriego," dice Mieravilla. "Él era un señor mayor, indiferente al talento de Evaristo, y al principio fue difícil de convencer. Finalmente pudimos contactar a otro Evaristo Carriego - el hijo de Enrique - que lo persuadió a su padre para que firmara un documento aceptando la expropiación si así fuera decretado."

"Ahora el dossier se encuentra en la Corte Suprema de Justicia de la Nación", dice Mieravilla. "Esperamos poder llevarlo a cabo pronto." "Pronto," como él admite, significa antes de que el próximo gobierno asuma y cambien todas las autoridades.

Evaristo Carriego nació en Paraná, Entre Ríos, en 1883, en una familia bien posicionada de militares y comerciantes. El infatigable Mieravilla ha trazado su árbol genealógico, hasta llegar a Francisco de Vera Muxica y Montiel quien entre otras cosas, fue Intendente de Santa Fe en 1700 y murió en tal ciudad en 1712.

No obstante, el joven Evaristo llegó primero a La Plata y luego a Buenos Aires cuando todavía era pequeño, por lo que en realidad fue la gran ciudad la que inspiró su pensamiento y su escritura. Desarrolló un estilo con los pies en la tierra y con cierto sabor amargo. Pero no estaba el bolchevismo de moda en ese entonces, entonces Carriego coqueteaba con el anarquismo. 

 "Su escritura era demasiado vanguardista para los grandes diarios como La Prensa o La Nación", dice Mieravilla, "por lo que Carriego publicaba sus poemas en La Protesta alrededor del 1903."

La Protesta era uno de los típicos diarios pro-minorías, de aquel tiempo. Pero como en algunas nuevas y modernas izquierdas estaba más en relación con la literatura que con las clases más bajas, y Mieravilla cita a Carriego, que habría dicho que en La Protesta " un buen verso valía más que un ensayo entero de Kropotkin". 

Más adelante el establishment lo proclamaba, y escribió poemas para Cara y Caretas con ilustraciones por Juan Hohmann hasta el tiempo de su muerte. También se cree que contribuyó en otras publicaciones y particularmente en un periódico de Rauch (Pcia de Buenos Aires), ya inactivo, "pero no hay pruebas de esto", dice Mieravilla algo decepcionado.

El 30 de septiembre de 1912, Carriego se sintió débil por primera vez, y la infección rápidamente fue empeorando, hasta el 13 de octubre de ese mismo año, día en que falleció - como 60 años atrás.

Como muchos en su juventud dorada de aquella época, a Carriego le gustaba pasar ratos en bares y pulperías, aunque era abstemio y parece que no estaba muy interesado en las mujeres tampoco.

De hecho en ese tiempo se hacían muchos comentarios sobre la falta de virilidad, la cual Mieravilla niega fuertemente. "Era un romántico", dice el pintor. "Pero esto no sugiere ninguna forma de desvío".

Él conoció y fue influenciado por Pedro Palacios (quien escribió bajo el nom-de-plume Almafuerte) y un grupo literario que en la moda de la época, se conoció en un café - el viejo "Los Inmortales". Escribió una obra teatral, Los que pasan, pero hasta Mieravilla admite que no era muy buena. "Fue un primer esfuerzo/intento", dice el pintor de modo tolerante. "Habría mejorado con el tiempo".

El espíritu de la Buenos Aire literaria de ese tiempo llega fuertemente a través de una pieza escrita sobre Carriego poco después de su muerte por un reportero anónimo del diario Crítica: "Noche tras noche, en ese verano de 1908, nos íbamos del café Los Inmortales, y despacio caminábamos por la calle Suipacha hasta Plaza San Martín, donde nos sentábamos en los bancos bajo la luna y escuchábamos a Carriego recitar uno por uno todos los poemas que serían incluidos en Misas Herejes..."  

En ese período, escribió poemas como La muchacha que trajeron anoche; Hay que cuidarla mucho, hermana, mucho; La silla que ahora nadie ocupa, y otros. Suenan muy rimbombantes ahora, pero uno debería leerlos teniendo en mente la atmósfera de la Buenos Aires pre-1914.

"En realidad, su éxito real llegó después de su muerte", agrega Mieravilla. "Sus Poesías fueron reimpresas en Barcelona, y agotó la tirada de 3000 ejemplares, cantidad que en esos años no era habitual. Luego se reimprimió nuevamente, también en Barcelona, bajo el título original de Misas Herejes." Su hermano Enrique y un grupo de amigos, activos en ese tiempo, promovían y reimprimían, incluyendo al escritor Marcelo del Maso, el crítico Juan Mas y Pi y el ilustrador Hohmann.

 Entonces los años pasaron. La casa quedó en manos de la familia, aunque se la dejaron a inquilinos, la numeración cambió de Honduras 84 a 3784 - pero Mieravilla continúa obstinadamente hablando de "Honduras 84". 

Los planes del pintor para la casa van más allá de meramente enaltecer la memoria de Evaristo Carriego. Él también quiere que sea un centro para las artes y un registro de personas de nota artística en Buenos Aires. "Para que los turistas puedan venir y encontrar en el momento dónde contactar al pintor o escritor que quieran conocer", dice.

Las ambiciones de Mieravilla pueden o no ser del todo concretadas. Pero su tenacidad debería ser retribuída; en cualquier caso, Carriego ha labrado para sí un nicho en la literatura argentina - y demasiado de la Buenos Aires tradicional está siendo demolida para dar lugar a edificios impersonales, shopping malls y estaciones de servicio.


Ronald Hansen 

(traducción/versión al castellano, por Martina Benitez Vibart, actual bibliotecaria de la Biblioteca Evaristo Carriego)











Sobre una poesía sin pureza - Pablo Neruda (1935)



Es muy conveniente, en ciertas horas del día o de la noche, observar profundamente los objetos en descanso: Las ruedas que han recorrido largas, polvorientas distancias, soportando grandes cargas vegetales o minerales, los sacos de las carbonerías, los barriles, las cestas, los mangos y asas de los instrumentos del carpintero. De ellos se desprende el contacto del hombre y de la tierra como una lección para el torturado poeta lírico. Las superficies usadas, el gasto que las manos han infligido a las cosas, la atmósfera a menudo trágica y siempre patética de estos objetos, infunde una especie de atracción no despreciable hacia la realidad del mundo.
La confusa impureza de los seres humanos se percibe en ellos, la agrupación, uso y desuso de los materiales, las huellas del pie y de los dedos, la constancia de una atmósfera humana inundando las cosas desde lo interno y lo externo. Así sea la poesía que buscamos, gastada como por un ácido por los deberes de la mano, penetrada por el sudor y el humo, oliente a orina y a azucena salpicada por las diversas profesiones que se ejercen dentro y fuera de la ley. Una poesía impura como un traje, como un cuerpo, con manchas de nutrición, y actitudes vergonzosas, con arrugas, observaciones, sueños, vigilia, profecías, declaraciones de amor y de revuelta, bestias, sacudidas, idilios, creencias políticas, negaciones, dudas, afirmaciones, impuestos.
La sagrada ley del madrigal y los decretos del tacto, olfato, gusto, vista, oído, el deseo de justicia, el deseo sexual, el ruido del océano, sin excluir deliberadamente nada, la entrada en la profundidad de las cosas en un acto de arrebatado amor, y el producto poesía manchado de palomas digitales, con huellas de dientes y hielo, roído tal vez levemente por el sudor y el uso. Hasta alcanzar esa dulce superficie del instrumento tocado sin descanso, esa suavidad durísima de la madera manejada, del orgulloso hierro. La flor, el trigo, el agua tienen también esa consistencia especial, ese recurso de un magnífico tacto.
Y no olvidemos nunca la melancolía, el gastado sentimentalismo, perfectos frutos impuros de maravillosa calidad olvidada, dejados atrás por el frenético libresco: la luz de la luna, el cisne en el anochecer, “corazón mío” son sin duda lo poético elemental e imprescindible. Quien huye del mal gusto cae en el hielo.  






Pablo Neruda, Caballo Verde para la Poesía, 1935.