Para preservar la memoria de un poeta / To preserve the memory of a poet : Evaristo Carriego (artículo en Buenos Aires Herald, 10 de febrero de 1973) Por Ronald Hansen


Para preservar la memoria de un poeta (artículo publicado en Buenos Aires Herald, 10 de febrero de 1973)


El poeta Evaristo Carriego murió a los 29 años, pero dejó una marca indeleble en la Buenos Aires que amó. Tanto fue así, que la historia de La costurerita que dió el mal paso - o, para traducirlo al idioma adecuado del cambio de siglo, la pequeña costurera que se encontró con un destino peor que la muerte -, se volvió una frase clásica usada por centenares de personas que han olvidado, o nunca supieron, que Carriego escribió ese poema en primera instancia.

Carriego era un romántico, un burgués que adhería a las ideas anarquistas mucho antes de que el bolchevismo haya nacido, y una apropiada madeja ha sido tramada en torno a las circunstancias de su muerte. Tuberculosis era la manera romántica de irse sesenta años atrás - Carriego murió en 1912 - y TB tenía que ser para los historiadores.

Pero el pintor y admirador de Carriego, José María Mieravilla, 52, está hecho de una materia muy fuerte para tomarse todo esto desde el valor aparente. Mientras se discute el proyecto que Mieravilla se propuso emprender, que la casa donde Carriego muriera sea convertido en museo, revela el resultado de su ardua investigación en todo lo que Carriego pensó e hizo en sus prolíficos 29 años.    

"En realidad, murió de peritonitis", dice Mieravilla. "Había sufrido dolores por bastante tiempo. Pero era un hombre de casta romántica y ese tipo de personas habitualmente le teme a la sala de operaciones - ¡particularmente en 1912!".

Un día su apéndice inflamado llegó a lo peor y Carriego murió dos o tres días después", dice Mieravilla. Falleció en su casa sita en Honduras 3784 (antes Honduras 84, hasta que cambió el sistema de numeración de las calles", dice Mieravilla). Esta casa todavía está en pie y es propiedad de Enrique Carriego, hermano de Evaristo. Con característica energía, Mieravilla obtuvo firmas de centenares de personas, muchas de ellas artistas reconocidos, o gente de letras. Y presentó una petición al Intendente de Buenos Aires para que la casa sea expropiada y convertida en museo.

"Fue muy difícil al principio," dice Mieravilla. "Pero hubo un giro importante cuando conocí al Intendente de San Isidro, Pedro Llorens, quien era amigo de su par en la Ciudad: Saturnino Montero Ruiz, y así el expediente empezó su largo camino - aún incompleto al momento de esta nota."

"Conseguimos la aprobación de Enrique Carriego," dice Mieravilla. "Él era un señor mayor, indiferente al talento de Evaristo, y al principio fue difícil de convencer. Finalmente pudimos contactar a otro Evaristo Carriego - el hijo de Enrique - que lo persuadió a su padre para que firmara un documento aceptando la expropiación si así fuera decretado."

"Ahora el dossier se encuentra en la Corte Suprema de Justicia de la Nación", dice Mieravilla. "Esperamos poder llevarlo a cabo pronto." "Pronto," como él admite, significa antes de que el próximo gobierno asuma y cambien todas las autoridades.

Evaristo Carriego nació en Paraná, Entre Ríos, en 1883, en una familia bien posicionada de militares y comerciantes. El infatigable Mieravilla ha trazado su árbol genealógico, hasta llegar a Francisco de Vera Muxica y Montiel quien entre otras cosas, fue Intendente de Santa Fe en 1700 y murió en tal ciudad en 1712.

No obstante, el joven Evaristo llegó primero a La Plata y luego a Buenos Aires cuando todavía era pequeño, por lo que en realidad fue la gran ciudad la que inspiró su pensamiento y su escritura. Desarrolló un estilo con los pies en la tierra y con cierto sabor amargo. Pero no estaba el bolchevismo de moda en ese entonces, entonces Carriego coqueteaba con el anarquismo. 

 "Su escritura era demasiado vanguardista para los grandes diarios como La Prensa o La Nación", dice Mieravilla, "por lo que Carriego publicaba sus poemas en La Protesta alrededor del 1903."

La Protesta era uno de los típicos diarios pro-minorías, de aquel tiempo. Pero como en algunas nuevas y modernas izquierdas estaba más en relación con la literatura que con las clases más bajas, y Mieravilla cita a Carriego, que habría dicho que en La Protesta " un buen verso valía más que un ensayo entero de Kropotkin". 

Más adelante el establishment lo proclamaba, y escribió poemas para Cara y Caretas con ilustraciones por Juan Hohmann hasta el tiempo de su muerte. También se cree que contribuyó en otras publicaciones y particularmente en un periódico de Rauch (Pcia de Buenos Aires), ya inactivo, "pero no hay pruebas de esto", dice Mieravilla algo decepcionado.

El 30 de septiembre de 1912, Carriego se sintió débil por primera vez, y la infección rápidamente fue empeorando, hasta el 13 de octubre de ese mismo año, día en que falleció - como 60 años atrás.

Como muchos en su juventud dorada de aquella época, a Carriego le gustaba pasar ratos en bares y pulperías, aunque era abstemio y parece que no estaba muy interesado en las mujeres tampoco.

De hecho en ese tiempo se hacían muchos comentarios sobre la falta de virilidad, la cual Mieravilla niega fuertemente. "Era un romántico", dice el pintor. "Pero esto no sugiere ninguna forma de desvío".

Él conoció y fue influenciado por Pedro Palacios (quien escribió bajo el nom-de-plume Almafuerte) y un grupo literario que en la moda de la época, se conoció en un café - el viejo "Los Inmortales". Escribió una obra teatral, Los que pasan, pero hasta Mieravilla admite que no era muy buena. "Fue un primer esfuerzo/intento", dice el pintor de modo tolerante. "Habría mejorado con el tiempo".

El espíritu de la Buenos Aire literaria de ese tiempo llega fuertemente a través de una pieza escrita sobre Carriego poco después de su muerte por un reportero anónimo del diario Crítica: "Noche tras noche, en ese verano de 1908, nos íbamos del café Los Inmortales, y despacio caminábamos por la calle Suipacha hasta Plaza San Martín, donde nos sentábamos en los bancos bajo la luna y escuchábamos a Carriego recitar uno por uno todos los poemas que serían incluidos en Misas Herejes..."  

En ese período, escribió poemas como La muchacha que trajeron anoche; Hay que cuidarla mucho, hermana, mucho; La silla que ahora nadie ocupa, y otros. Suenan muy rimbombantes ahora, pero uno debería leerlos teniendo en mente la atmósfera de la Buenos Aires pre-1914.

"En realidad, su éxito real llegó después de su muerte", agrega Mieravilla. "Sus Poesías fueron reimpresas en Barcelona, y agotó la tirada de 3000 ejemplares, cantidad que en esos años no era habitual. Luego se reimprimió nuevamente, también en Barcelona, bajo el título original de Misas Herejes." Su hermano Enrique y un grupo de amigos, activos en ese tiempo, promovían y reimprimían, incluyendo al escritor Marcelo del Maso, el crítico Juan Mas y Pi y el ilustrador Hohmann.

 Entonces los años pasaron. La casa quedó en manos de la familia, aunque se la dejaron a inquilinos, la numeración cambió de Honduras 84 a 3784 - pero Mieravilla continúa obstinadamente hablando de "Honduras 84". 

Los planes del pintor para la casa van más allá de meramente enaltecer la memoria de Evaristo Carriego. Él también quiere que sea un centro para las artes y un registro de personas de nota artística en Buenos Aires. "Para que los turistas puedan venir y encontrar en el momento dónde contactar al pintor o escritor que quieran conocer", dice.

Las ambiciones de Mieravilla pueden o no ser del todo concretadas. Pero su tenacidad debería ser retribuída; en cualquier caso, Carriego ha labrado para sí un nicho en la literatura argentina - y demasiado de la Buenos Aires tradicional está siendo demolida para dar lugar a edificios impersonales, shopping malls y estaciones de servicio.


Ronald Hansen 

(traducción/versión al castellano, por Martina Benitez Vibart, actual bibliotecaria de la Biblioteca Evaristo Carriego)











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