Carriego
"Se nos confía que nuestro Evaristo Carriego nació en 1883, el 7 de mayo, y que rindió el tercer año del nacional y que frecuentaba la redacción del diario La Protesta y que falleció el día 13 de octubre del novecientos doce, y otras puntuales e invisibles noticias (...) Yo pienso que la sucesión cronológica es inaplicable a Carriego, hombre de conversada vida y paseada. Enumerarlos, seguir el orden de sus días, me parece imposible. (...) Literariamente, sus juicios de condenación y de elogio ignoraban la duda. Era muy alacrán: maldecía de los más justificados nombres famosos con esa evidente sinra-zón (...) y ver cómo sigue...
(...) llegar a Bulnes vivía la familia Garmendia, y en la esquina de Honduras y Soler, muy cerca de la casa de la familia Silva, se levantaba la farmacia Doucont. Entre la farmacia y la casa de los Carriego vivía Mateo Ruiz Díaz. Eran los únicos vecinos. Con el correr de los años la calle fue transformándose. Lo que era una huella de carros se había ensanchado ahora y lucía flamantes veredas, árboles recién plantados y casas bajas recién pintadas.
El otoño, muchachos.
Ha llegado sin sentirlo siquiera,
lluvioso, melancólico, callado.
El familiar bullicio de la acera
tan alegre en las noches del verano
se va apagando a la oración.
La gente abandona las puertas más temprano.
Las abandona silenciosamente...
El patio: lugar de inspiración al que se asomaba la bohardilla del poeta. Siguen allí las macetas rojas, los malvones y las baldosas rotas, pequeñas trampas anegadas.
Clemencia Salmerón, otra habitante: "Pues verá usted, como nosotros no le conocimos, nos da lo mismo que entrara por esta misma puerta o no. Ahora quieren hacer un museo."
La penúltima puerta de la casa da una cocina. Alguna vez hubo un fogón de leña. Sobre el marco de la puerta una llave de luz añora otros tiempos, cuando era usada para iluminar los últimos juegos de los niños.
¡Qué modo de llover! Furiosamente
en el techo de zinc el aguacero tamborilea sin cesar.
Lo grave es que se llueve aquí peor que afuera,
y hay para rato, es natural...
Quién sabe cómo diablos se ha abierto esta gotera.
Los "inquilinos de Carriego" admiten con fastidio que se los llame así. Desde hace muchos años los únicos cuatro habitantes de la casa han compartido sus vidas amparados (y desamparados) por la sombra de Carriego.




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