Palo Santo - Martina Benitez Vibart



Cada tanto me llega
un aroma de al lado.

Vuelve unos días después
y espero que siga sucediendo
con el pasar de las estaciones.

Sólo siento su perfume
cuando lo encienden los vecinos
en un barrio
donde hay silencio.



Este poema forma parte de Sismo, mi primer libro de poemas.



El Ave Fénix - Hans Christian Andersen (1805-1875)


El Ave Fénix
Por Hans Christian Andersen

En el jardín del Paraíso, bajo el árbol de la sabiduría, crecía un rosal. En su primera rosa nació un pájaro; su vuelo era como un rayo de luz, magníficos sus colores, arrobador su canto.
Pero cuando Eva cogió el fruto de la ciencia del bien y del mal, y cuando ella y Adán fueron arrojados del Paraíso, de la flamígera espada del ángel cayó una chispa en el nido del pájaro y le prendió fuego. El animalito murió abrasado, pero del rojo huevo salió volando otra ave, única y siempre la misma: el Ave Fénix. Cuenta la leyenda que anida en Arabia, y que cada cien años se da la muerte abrasándose en su propio nido; y que del rojo huevo sale una nueva ave Fénix, la única en el mundo.
El pájaro vuela en torno a nosotros, rauda como la luz, espléndida de colores, magnífica en su canto. Cuando la madre está sentada junto a la cuna del hijo, el ave se acerca a la almohada y, desplegando las alas, traza una aureola alrededor de la cabeza del niño. Vuela por el sobrio y humilde aposento, y hay resplandor de sol en él, y sobre la pobre cómoda exhalan, su perfume unas violetas.
Pero el Ave Fénix no es sólo el ave de Arabia; aletea también a los resplandores de la aurora boreal sobre las heladas llanuras de Laponia, y salta entre las flores amarillas durante el breve verano de Groenlandia. Bajo las rocas cupríferas de Falun, en las minas de carbón de Inglaterra, vuela como polilla espolvoreada sobre el devocionario en las manos del piadoso trabajador. En la hoja de loto se desliza por las aguas sagradas del Ganges, y los ojos de la doncella hindú se iluminan al verla.
¡Ave Fénix! ¿No la conoces? ¿El ave del Paraíso, el cisne santo de la canción? Iba en el carro de Thespis en forma de cuervo parlanchín, agitando las alas pintadas de negro; el arpa del cantor de Islandia era pulsada por el rojo pico sonoro del cisne; posada sobre el hombro de Shakespeare, adoptaba la figura del cuervo de Odin y le susurraba al oído: ¡Inmortalidad! Cuando la fiesta de los cantores, revoloteaba en la sala del concurso de la Wartburg.
¡Ave Fénix! ¿No la conoces? Te cantó la Marsellesa, y tú besaste la pluma que se desprendió de su ala; vino en todo el esplendor paradisíaco, y tú le volviste tal vez la espalda para contemplar el gorrión que tenía espuma dorada en las alas.
¡El Ave del Paraíso! Rejuvenecida cada siglo, nacida entre las llamas, entre las llamas muertas; tu imagen, enmarcada en oro, cuelga en las salas de los ricos; tú misma vuelas con frecuencia a la ventura, solitaria, hecha sólo leyenda: el Ave Fénix de Arabia.
En el jardín del Paraíso, cuando naciste en el seno de la primera rosa bajo el árbol de la sabiduría, Dios te besó y te dio tu nombre verdadero: ¡poesía!



Hans Christian Andersen (Odense, Dinamarca, 2 de abril de 1805 – Copenhague, Dinamarca, 4 de agosto de 1875) fue un escritor y poetadanés, famoso por sus cuentos para niños, entre ellos El patito feo o La sirenita.


"Rayuela" y Mandala - Julio Cortázar (1914-1984)


"¿Por qué escribo esto? No tengo ideas claras, ni siquiera tengo ideas. Hay jirones, impulsos, bloques, y todo busca una forma, entonces entra en juego el ritmo y yo escribo dentro de este ritmo, escribo por él, movido por él y no por eso que llaman el pensamiento y que hace la prosa literaria u otra. Hay primero una situación confusa, que sólo puede definirse en la palabra; de esa penumbra parto, y si lo que quiero decir (si lo que quiere decirse) tiene suficiente fuerza, inmediatamente se inicia el swing, un balanceo rítmico que me saca a la superficie, lo ilumina todo, conjuga esa materia confusa y el que la padece en una tercera instancia clara y como fatal: la frase, el párrafo, la página, el capítulo, el libro. Ese balanceo, ese swing en el que se va informando la materia confusa, es para mí la única certidumbre de su necesidad, porque apenas cesa comprendo que no tengo ya nada que decir. Y también es la única recompensa de mi trabajo: sentir que lo que he escrito es como un lomo de gato bajo la caricia, con chispas y un arquearse cadencioso. Así por la escritura bajo el volcán, me acerco a las Madres, me conecto con el Centro -sea lo que sea. Escribir es dibujar mi mandala y a la vez recorrerlo, inventar la purificación purificándose; tarea de pobre shamán blanco con calzoncillos de nylon."

Julio Cortázar, en el Capítulo 82 de Rayuela (1963)


"Cuando pensé en este libro (Rayuela), estaba obsesionado con la idea del mandala, en parte porque había estado leyendo muchas obras de antropología y de religión tibetana. Además había visitado la India donde pude ver cantidad de mandalas indios y japoneses.". En su viaje a oriente, Cortázar se había puesto en contacto con "esos laberintos místicos consistentes en un cuadro o dibujo dividido en sectores, compartimentos o casillas, como la rayuela, en el que se concentra la atención y gracias al cual se facilita el cumplimiento de una serie de etapas espirituales. Es como la fijación gráfica de un proceso espiritual", dijo.




BACKGROUND, por Julio Cortázar 
En Salvo el crepúsculo (1984)

Tierra de atrás, literalmente.
Todo vino siempre de la noche, background inescapable, madre de mis criaturas diurnas. Mi solo psicoanálisis posible debería cumplirse en la oscuridad, entre las dos y las cuatro de la madrugada- hora impensable para los especialistas. Pero yo sí, yo puedo hacerlo a mediodía y exorcisar a pleno sol los íncubos, de la única manera eficaz: diciéndolos.
Curioso que para decir los íncubos haya tenido que acallarlos a la hora en que vienen al teatro del insomnio. Otras leyes rigen la inmensa casa de aire negro, las fiestas de larvas y empusas, los cómplices de una memoria acorralada por la luz y los reclamos del día y que sólo vuelca sus terciopelos manchados de moho en el escenario de la duermevela. Pasivo, espectador atado a su butaca de sábanas y almohadas, incapaz de toda voluntad de rechazo o asimilación, de palabra fijadora. Pero después será el día, cámara clara. Después podemos revelar y fijar. No ya lo mismo, pero la fotografía de la escritura es como la fotografía de las cosas: siempre algo diferente para así, a veces, ser lo mismo.
Presencia, ocurrencia de mi mandala en las altas noches desnudas, las noches desolladas, allí donde otras veces conté corderitos o recorrí escaleras de cifras, de múltiplos y décadas y palíndromas y acrósticos, huésped involuntario de las noches que se niegan a estar solas. Manos de inevitable rumbo me han hecho entrar en torbellinos de tiempo, de caras, en el baile de muertos y vivos confundiéndose en una misma fiebre fría mientras lacayos invisibles dan paso a nuévas máscaras y guardan las puertas contra el sueño, contra el único enemigo eficaz de la noche triunfante.
Luché, claro, nadie se entrega así sin apelar a las armas del olvido, a estúpidos corderos saltando una valla, a números de cuatro cifras que disminuirán de siete en siete hasta llegar a cero o recomenzarán si la cuenta no es justa. Quizá vencí alguna vez o la noche fue magnánima; casi siempre tuve que abrir los ojos a la ceniza de un amanecer, buscar una bata fría y ver llegar la fatiga anterior a todo esfuerzo, el sabor a pizarra de un día interminable. No sé vivir sin cansancio, sin dormir; no sé por qué la noche odia mi sueño y lo combate, murciélagos afrontados sobre mi cuerpo desnudo. He inventado cientos de recursos mnemotécnicos, las farmacias me conocen demasiado y también el Chivas Regal. Tal vez no merecía mi mandala, tal vez por eso tardó en llegar. No lo busqué jamás, cómo buscar otro vacío en el vacío; no fue parte de mis lúgubres juegos de defensa, vino como vienen los pájaros a una ventana, una noche estuvo ahí y hubo una pausa irónica, un decirme que entre dos figuras de exhumación o nostalgia se interponía una amable construcción geométrica, otro recuerdo por una vez inofensivo, diagrama regresando de viejas lecturas místicas, de grimorios medievales, de un tantrismo de aficionado, de alguna alfombra iniciática vista en los mercados de Jaipur o de Benarés. Cuántas veces rostros limados por el tiempo o habitaciones de una breve felicidad de infancia se habían dado por un instante, reconstruidos en el escenario fosforescente de los ojos cerrados, para ceder paso a cualquier construcción geométrica nacida de esas luces inciertas que giran su verde o su púrpura antes de ceder paso a una nueva invención de esa nada siempre más tangible que la vaga penumbra en la ventana. No lo rechacé pero rechazaba tantas caras, tantos cuerpos que me devolvían a la rememoración o a la culpa, a veces a la dicha todavía más penosa en su imposibilidad. Lo dejé entrar, en la caja morada de mis ojos cerrados lo vi muy cerca, inmóvil en su forma definida, no lo reconocí como reconocía tantas formas del recuerdo, tantos recuerdos de formas, no hice nada por alejarlo con un brusco aletazo de los párpados, un giro en la cama buscando una región más fresca de la almohada. Lo dejé entrar aunque hubiera podido destruirlo, lo miré como no miraba las otras criaturas de la noche, le di acaso una sustancia primera, una urdimbre diferente o creí darle lo que ya tenía; algo indecible lo tendió ante mí como una fábrica diferente, un hijo de mi enemiga y a la vez mío, un telón musgoso entre las fiestas sepulcrales y su recurrente testigo.
Desde esa noche mi mandala acude a mi llamado apenas se encienden las primeras luces de la farándula, y aunque el sueño no venga con él y su presencia dure un tiempo que no sabría medir, detrás queda la noche desnuda y rabiosa mordiendo en esa tela invulnerable, luchando por rasgarla y poner de este lado los primeros visitantes, las previsibles y por eso más horribles secuencias de la dicha muerta, de un árbol en flor en el atardecer de un verano argentino, de la sonrisa de una mujer que vive una vida ya para siempre vedada a mi ternura, de un muerto que jugó conmigo sus últimos juegos de cartas sobre una sábana de hospital.
Mi mandala es eso, un simplísimo mandala que nace acaso de una combinación imaginaria de elementos, tiene la forma ovalada del recinto de mis ojos cerrados, lo cubre sin dejar espacios, en un primer plano vertical que reposa mi visión. Ni siquiera su fondo se distingue del color entre morado y púrpura que fue siempre el color del insomnio, el teatro de los desentierros y las autopsias de la memoria; se lo diría de un terciopelo mate en el que se inscriben dos triángulos entrecruzados como en tanto pentáculo de hechicería. En el rombo que define la oposición de sus líneas anaranjadas hay un ojo que me mira sin mirarme, nunca he tenido que devolverle la mirada aunque su pupila esté clavada en mí; un ojo como el Udyat de los egipcios, el iris intensamente verde y la pupila blanca como yeso, sin pestañas ni párpados, perfectamente plano, trazado sobre la tela viva por un pincel que no pretende la imitación de un ojo. Puedo distraerme, mirar hacia la ventana o buscar el vaso de agua en la penumbra; puedo alejar a mi mandala con una simple flexión de la voluntad, o convocar una imagen elegida por mí contra la voluntad de la noche; me bastará la primera señal del contraataque, el deslizamiento de lo elegido hacia lo impuesto para que mi mandala vuelva a tenderse entre el asedio de la noche y mi recinto invulnerable. Nos quedaremos así, seremos eso, y el sueño llegará desde su puerta invisible, borrándonos en ese instante que nadie ha podido nunca conocer.
Es entonces cuando empezará la verdadera sumersión, la que acato por la sé de veras mía y no el turbio producto de la fatiga diurna y del eyo. Mi mandala separa la servidumbre de la revelación, la duermevela revanchista de los mensajes raigales. La noche onírica es mi verdadera noche; como en el insomnio, nada puedo hacer para impedir ese flujo que invade y somete, pero los sueños sueños son, sin que la conciencia pueda escogerlos, mientras que la parafernalia del insomnio juega turbiamente con las culpabilidades de la vigilia, las propone en una interminable ceremonia masoquista. Mi mandala separa las torpezas del insomnio del puro territorio que tiende sus puentes de contacto; y si lo llamo mandala es por eso, porque toda entrega a un mandala abre paso a una totalidad sin mediaciones, nos entrega a nosotros mismos, nos devuelve a lo que no alcanzamos a ser antes o después. Sé que los sueños pueden traerme el horror como la delicia, llevarme al descubrimiento o extraviarme en un laberinto sin término; pero también sé que soy lo que sueño y que sueño lo que soy. Despierto, sólo me conozco a medias, y el insomnio juega turbiamente con ese conocomiento envuelto en ilusiones; mi mandala me ayuda a caer en mí mismo, a colgar la consciencia ahí donde colgué mi ropa al acostarme.
Si hablo de eso es porque al despertar arrastro conmigo jirones de sueños pidiendo escritura, y porque desde siempre he sabido que esa escritura- poemas, cuentos, novelas- era la sola fijación que me ha sido dada para no disolverme en ése que bebe su café matinal y sale a la calle para empezar un nuevo día. Nada tengo en contra de mi vida diurna, pero no es por ella que escribo. Desde muy temprano pasé de la escritura a la vida, del sueño a la vigilia. La vida aprovisiona los sueños pero los sueños devuelven la moneda profunda de la vida. En todo caso así es como siempre busqué o acepté hacer frente a mi trabajo diurno de escritura, de fijación que es también reconstitución. Así ha ido naciendo todo esto.



Tha Beatles : 4 personas 1 banda 8 años 13 discazos


Please Please Me (1963)
With The Beatles (1963)
A Hard day´s night (1964)
Beatles for sale (1964)
Help! (1965)
Rubber Soul (1965)
Revolver (1966)
Sgt. Pepper´s Lonely Hearts Club Band (1967)
Magical Mystery Tour (1967)
The Beatles (White Album) (1968)
Yellow Submarine (1969)
Abbey Road (1969)
Let it Be (1970)




Temporal - Martina Benitez Vibart


Tormenta
con viento fuerte
pero momentáneo.

La ciudad y sus habitantes
no pueden detenerla.

Paraguas rotos.
Invención humana:
parar el agua
antes de que caiga
sobre lo seco.



La vida secreta de los pájaros - Martina Benitez Vibart


El mundo según otros seres
que habitan cerca
y cantan.

No hay nido sin árbol
donde apoyar
la primera ramita.



Este poema forma parte de Sismo, mi primer libro de poemas.



Calma - Martina Benitez Vibart


Escribir es mi manera de gritar.
Escribo porque no puedo gritar.
Para quien lea, esta es la mejor manera
de que escuche.

Interior.
Más que palabras, sinceras palabras,
que mueven nervios internos.
Suenan igual, pero resuenan diferente.
Para acariciar con palabras,
acariciar con la voz.
Y no gritar, sino hablar.

Gritar en el papel, para hablar mejor.
Mi voz en la tinta para aliviar por momentos,
el dolor que siento.

Y vuelvo a encontrar
mi alma en palabras.
En unas pocas cosas,
en personas y pensamientos
en gotas, en migas, en colores.
En pilchas que me regalaron
personas que quiero.

El silencio me vuelve a encontrar
después de la tormenta.
Calma.
Profunda tranquilidad esperada,
bien en el fondo, siempre conmigo.



Escucha - Por Martina Benitez Vibart


Hoy mi amiga-cósmica me compartió esta foto


"Escribo porque nadie escucha"

Escuchar, mirar, escribir.
Pensar, reflexionar, imaginar.
Recién después, hablar.



Sismo - Martina Benitez Vibart



No. No da lo mismo.
Cada palabra, un sismo.

No me da lo mismo
un sentido u otro.
Nada me da lo mismo.

Todo dice.

Cada hacer,
cada sentir,
cada ser.

Nada da lo mismo.
Todo da
algo
distinto.



Este poema forma parte de Sismo, mi primer libro de poemas.



1995 - Martina Benitez Vibart



“Ayer que fue Sabado vino Sara a mi casa. Y nos re divertimos porque isimos una rayuela que me invente. Despues de jugar a la rayuela fuimos al kiosco de Alice porque yo tenia 60 centavos en el bolsillo de mi enterito escoses. Y Constanza me pidió un chicle y yo le dije que bueno. Despues al fin nos fuimos al kiosco. Y nos compramos casi todos chicles y una cajita de mani con chocolate. Despues íbamos a crusar la calle y casi más nos atropellaba un auto. Despues llegamos a mi casa y paseamos por el ... porque estábamos aburridas. Yo me comi casi toda la cajita de mani con chocolate no le deje comer casi ninguno a Sara. Y Sara me dijo “qué gorda!”. Pero a mi no me intereso porque el que lo dice lo es. Despues nos fuimos al Jardin de Infantes y escuyamos gritos entonces Sara quería investigar pero yo no porque tenia miedo. Despues fuimos a la puerta del Jardin y vimos una pelota de footbol que salió sola pero lo vimos con nuestros propios ojos hasique nos parecía que era un fantasma porque estaba la puerta serrada. Nos fuimos rápido a mi casa y nos olvidamos de ese tema. Asi era mejor porque nos tranquilisaba un poco. Despues jugamos a muchas mas cosas asta que se corto la luz un buen rato. Asique para ver nos teníamos que ir a fuera. Y después la vinieron a buscar a Sara y me re aburri cuando se fue. Y después volvió la luz.”


Fragmento de diario a los 8 años.



Tener calle - Martina Benitez Vibart



Un día más de la semana, uno de esos viernes soleados, que por ser un día lindo es mucho más alegre que cualquier otro viernes. Aún siendo una tarde de invierno, hay aire de primavera y no hay ni una nube.
Como cualquier estudiante que tiene tiempo libre entre una cosa y otra, en pleno centro, ella fue a la plaza frente a Tribunales, a leer, antes de ir a la facultad después del trabajo. Siempre le pasa lo mismo cada vez que va a una plaza, no puede encontrar el lugar exacto donde sentirse cómoda como en el jardín de su casa. En cada lugar donde se instala siente una molestia, algo que no la deja concentrarse. Pero este día, encontró su lugar.
Estaba sentada en el pasto, disfrutando de Marx con un lindo clima, mitad a la sombra y mitad al sol, ni mucho calor ni mucho frío, cuando sintió que alguien se sentó a su lado, y percibió que no solo de un lado sino de los dos había personas. Al levantar la cabeza estaba rodeada de chicas de doce, trece años aproximadamente, que la empezaron a intimidar con preguntas como: ¿Me enseñás a leer?, ¿Cómo se lee?, ¿Vos sos como todos los que vienen por acá, que se visten todas las chicas igual?... Ella les respondía de la mejor manera que podía, hasta que le preguntaron el nombre y se los escribió, las chicas lo leyeron, y, acto seguido escribieron sus nombres en la tapa de sus apuntes: Tati... Yaque... Sole... Ceci... Ahí ella supo que sabían leer y escribir. De a poco, fue entablando una buena conversación con ellas, y se dio cuenta de cómo le tomaban el pelo estas chicas (de unos años menos, pero con mucha más “calle”). Sabían leer, pero la mayoría ya no iba al colegio, y pasaban sus tardes en la plaza, en la calle o en las boleterías de subte pidiendo monedas.
La charla no duro más de quince minutos. Amigos de lejos, les gritaban, desde el otro lado de la plaza: “Molestas, ¡déjenla en paz a la chica!”. Sin embargo, a ella no le molestaba para nada, al contrario, le hubiera gustado compartir más tiempo con ellas, conociéndolas.
Esa tarde no fue simplemente una más para ella, aunque Tati, Yaque, Sole y Ceci siempre están por ahí, todas las tardes.


Plaza de Tribunales, Ciudad de Buenos Aires.
Septiembre 2006. 




El Nadador - Por Héctor Viel Temperley


El  Nadador

Soy el nadador, Señor, soy el hombre que nada.
Soy el hombre que quiere ser aguada
para beber tus lluvias
con la piel de su pecho.
Soy el nadador, Señor, bota sin pierna bajo el cielo
para tus lluvias mansas,
para tus fuertes lluvias,
para todas tus aguas.
Las aguas como lonjas de una piel infinita,
las aguas libres y las de los lagos,
que no son más que cielos arrastrados
por tus caídos ángeles.
Soy el nadador, Señor, soy el hombre que nada.
Tuyo es mi cuerpo, que hasta en las más bajas
aguas de los arroyos
se sostiene vibrante,
como en medio del aire.
Mi cuerpo que se hunde
en transparentes ríos
y va soltando en ellos
su aliento, lentamente,
dándoselo a aspirar
a la corriente.
Soy el nadador, Señor, el hombre que nada
hasta las lluvias
de su infancia,
que a las tardes crecían
entre sus piernas salpicadas
como alto y limpio pajonal que aislaba
las casonas
y desde sus paredes
celestes se ensanchaba.
Soy el nadador, Señor, el hombre que nada
por la memoria de las aguas
hasta donde su pecho
recuerda las pisadas,
como marcas de luz, de tus sandalias.
Y recuerda los días cuando el cielo
rodaba hasta los ríos como un viento
y hacía el agua tan azul que el hombre
entraba en ella y respiraba.
Soy el hombre que nada hasta los cielos
con sus largas miradas.
Soy el nadador, Señor, sólo el hombre que nada.
Gracias doy a tus aguas porque en ellas
mis brazos todavía
hacen ruido de alas.


Héctor Viel Temperley, Bs As.
1933 - 1987
Junio 2012: 25º aniversario de su muerte

Gaston Bachelard y "la poética de la ensoñación" ...


III. Ensoñaciones e infancia

"La infancia ve el mundo ilustrado, el mundo con sus primeros colores, verdaderos."

"Para entrar en los tiempos fabulosos hay que ser serio como un niño soñador. La fábula no divierte, encanta. Hemos perdido el lenguaje encantador. Henry Thoreau escribió: "Parecería que en la edad madura no hacemos más que languidecer para decir los sueños de nuestra infancia, y éstos se desvanecen de nuestra memoria antes de que hayamos podido aprender su lenguaje."
Para volver a encontrar el lenguaje de las fábulas hay que participar del existencialismo de lo fabuloso, volverse en cuerpo y alma un ser admirativo, reemplazar ante el mundo percepción por admiración. Admirar para recibir los valores de lo que se percibe. Y en el pasado mismo, admirar el recuerdo."

Gaston Bachelard, en "La poética de la ensoñación" (1960)



Por no estar distraídos - Clarice Lispector


Una gran amiga (cósmica) que vive lejos, me compartió este lindo fragmento de un libro que ya leí hace tiempo, y le presté.
Ahora, lo comparto para seguir el espiral.


Era la levísima embriaguez de andar juntos, esa alegría, como cuando se siente la garganta un poco seca y se ve que por admiración se estaba con la boca abierta. Respiraban de antemano el aire que estaba delante y tener esa sed era su propia agua. Andaban por calles y calles hablando y riendo, hablaban y reían para dar materia y peso a la levísima embriaguez que era la alegría de su sed. A causa de los coches y de la gente, a veces se tocaban, y a ese contacto -la sed es la gracia, pero las aguas son de una belleza oscura-, y a ese contacto brillaba el brillo de su agua, la boca un poco más seca de admiración. ¡Cómo admiraban estar juntos!

Hasta que todo se transformó en no. Todo se tranformó en no cuando ellos quisieron esa misma alegría suya. Entonces la gran danza de los errores. El ceremonial de las palabras poco acertadas. Él buscaba y no veía, ella no veía que él no había visto, ella que estaba allí, sin embargo. Sin embargo él, que estaba allí. Todo fue un error, y había la gran polvareda de las calles, y cuanto más se equivocaban, más querían con aspereza, sin una sonrisa. Todo sólo porque habían prestado atención, sólo porque no estaban lo bastante distraídos. Sólo porque, de repente, exigentes y duros, quisieron tener lo que ya tenían. Todo porque habían querido darle un nombre; porque quisieron ser, ellos que eran. Aprendieron entonces que, si no se está distraído, el teléfono no suena, y que es necesario salir de casa para que la carta llegue, y que cuando el teléfono finalmente suena, el desierto de la espera ya ha cortado los hilos. Todo, todo por no estar distraídos.

Clarice Lispector. En Revelación de un mundo.

Los libros de la buena memoria - Spinetta por Cerati




Este tema de Luis Alberto Spinetta (originalmente en el disco "El jardín de los presentes" - Invisible, 1976) interpretado por Gustavo Cerati, forma parte de un cd (homenaje al "rock nacional", argentino) "Escuchame entre el ruido", compilado por Lito Nebbia, del 2006.


Y una versión con Pedro Aznar - una joyita - que encontré:






Freedom (Libertad) - Escultura por Zenos Frudakis (Philadelphia, Pennsylvania)

Freedom (Libertad) - Escultura por Zenos Frudakis en Philadelphia, Pennsylvania.
Freedom
GSK World Headquarters
200 N 16th St
Philadelphia, PA 19102

"I wanted to create a sculpture almost anyone, regardless of their background, could look at and instantly recognize that it is about the idea of struggling to break free. This sculpture is about the struggle for achievement of freedom through the creative process."

"Quería crear una escultura que casi todas las personas, más allá de su trasfondo, pudieran ver e instantáneamente reconocer que se trata sobre la idea de la lucha por la libertad. Esta escultura es sobre la lucha por alcanzar (conseguir) libertad a través del proceso creativo."

Más info sobre la escultura y su creador: http://zenosfrudakis.com/sculptures/public/Freedom.html

El agua y los sueños - Gaston Bachelard (1942)


Creo que, desde que leo a Bachelard y a Nietzsche, cambié muchísimo.
Las diversas lecturas cambian la manera de ver y de interpretar el mundo que nos rodea.
La poesía y el lenguaje, en diferentes formas y materias, me hacen bien.
Y, cuando una pasión se vuelve obvia, no se puede negar.

Por eso, quiero invitar a que se sumerjan un poco en la lectura de un maravilloso autor...



"... Para la imaginación material la sustancia valorada puede actuar, aún en ínfima cantidad, sobre una gran masa de otras sustancias. Es la ley misma de la ensoñación de poder: tener un volumen pequeño, en el hueco de la mano, el medio de una dominación universal. Es, bajo la forma concreta, un ideal semejante al del conocimiento de una palabra clave, de la pequeña palabra que permite descubrir el más oculto de los secretos.
Sobre el tema dialéctico de la pureza y de la impureza del agua podemos ver esta ley básica de la imaginación material actuar en los dos sentidos, lo que nos asegura el carácter eminentemente activo de la sustancia: una gota de agua pura basta para purificar un océano; una gota de agua impura basta para ensuciar un universo. Todo depende del sentido moral de la acción elegida por la imaginación material; si sueña el mal, sabrá propagar la impureza, sabrá hacer que estalle el germen diabólico; si sueña bien, tendrá confianza en una gota de la sustancia pura, sabrá hacer que ella irradie pureza bienhechora. La acción de la sustancia es soñada como un devenir sustancial querido en la intimidad de la sustancia. Es, en el fondo, el devenir de una persona. Esta acción puede cambiar todas las circunstancias, superar todos los obstáculos, romper todas las barreras. El agua mala es insinuante, el agua pura es sutil. En ambos sentidos, el agua se ha vuelto una voluntad. Todas las cualidades usuales, todos los valores superficiales pasan al rango de propiedades subalternas, porque lo interior gobierna. La acción sustancial irradia desde un punto central, desde una voluntad condensada."

Gaston Bachelard, El agua y los sueños - Ensayo sobre la imaginación de la materia. Fondo de Cultura Económica, 2005. (Primera edición: L'eau et les rêves, 1942)



Baudelaire, flaneur...

Muestra de fotos de Steve McCurry (Buenos Aires - Marzo de 2010)

"Para el perfecto vagabundo, para el observador apasionado, hay un inmenso goce 
que consiste en elegir domicilio en el movimiento, sentirse en casa en cualquier parte.
Observador, paseante, filósofo, llamadle como querais. 
A veces es poeta, mas a menudo se aproxima al novelista o al moralista, 
es el pintor de circunstancias y de todo cuanto sugiera lo eterno."


“La multitud es su dominio, como el aire es al pájaro y al agua al pez. Su pasión y su profesión es casarse con la multitud. Para el perfecto flanêur, para el observador apasionado es un inmenso disfrute que elige domicilio en el nombre, en la ondulación, en el movimiento, en lo fugitivo e infinito. Estar fuera de su casa, y por otro lado sentirse en su casa; ver el mundo, estar en el centro del mundo y permanecer escondido del mundo, estos son algunos de los motivos de placer a un espíritu independiente, pasional, imparcial que la lengua puede difícilmente definir. El observador es un príncipe que juega siempre de incógnito. El amateur de la vida hace del mundo su familia... Así enamorado de la vida universal entra dentro la multitud como dentro una inmensa reserva de electricidad".

 Charles Baudelaire - "El pintor de la vida moderna", 1863.
  http://es.scribd.com/doc/7758786/baudelaire-charles-el-pintor-de-la-vida-moderna

Medianeras (2011), Daniel Johnston y una canción

El otro día ví una película: Medianeras, dirigida por Gustavo Taretto (2011)
Me gustó, más que nada, la fotografía. Las imágenes de la ciudad de Buenos Aires, muy representativas.
Imaginando conexiones posibles... entre microcosmos... en sincronía o no.

Aprovecho y dejo una nota sobre la película: http://www.dw.de/dw/article/0,,14843956,00.html




Y también me gustó mucho en especial una canción de la banda sonora.
La versión original es de Daniel Johnston, cantautor estadounidense nacido en 1961, y la canción es del año 1984 (parte del disco "Retired Boxer").


A su vez, encontré el trailer de un documental "The devil and Daniel Johnston", sobre Daniel Johnston, muy bueno.


Y dejo el link que me pasó un dibujante argentino, para ver la película online: http://www.sockshare.com/file/41E565975B3D4ED0#

Antes sólo había escuchado la versión de Wilco (de 1999), linda banda y gran reversión la que hicieron...

y por último, la versión por Beck



dijo Jim Jarmusch (cineasta independiente)



"Nada es original. Robá de cualquier lugar que te resuene inspiración o alimente tu imaginación. Devorá películas viejas, música, libros, pinturas, fotografías, poemas, sueños, conversaciones azarosas, arquitectura, puentes, señales de la calle, arboles, nubes, cuerpos del agua, luces y sombras. Seleccioná sólo cosas a robar, que le hablen directamente a tu alma. 
Si hacés esto, tu trabajo (y robo) será auténtico.
La autenticidad es invaluable; la originalidad, no-existente.
Y no te molestes en conciliar tu robo - celebrálo si lo sentís.
De cualquier manera, siempre recordá lo que dijo Jean-Luc Godard:
"No es de dónde sacás las cosas - es adónde las llevás." "

Jim Jarmusch
(Cineasta independiente estadounidense)




Spinetta (El Video) - Dir: Pablo Perel (1986)

"No hay condena para la nobleza"

  


Artículo de Pablo Perel, escrito el sábado 11 de febrero,
día en que pasaron la película como homenaje a Luis A. Spinetta, tres días depués de su muerte:

Lo que nos salva - Martina Benitez Vibart


"Sólo el amor salvará al mundo"
Leí esa frase en un grafitti, desde el tren.
Llamenme "hippie posmo" quienes estereotipan a las personas que tienen un discurso a favor de la paz y el amor, la tranquilidad y el disfrute de lo natural, o de cualquier placer que se pueda considerar sobre-natural.
También vivo en el mundo material: trabajo y me considero auto-suficiente, y hago lo posible por "hacer el bien sin mirar a quién".
Tengo mi independencia económica y libertad de decisión, o como lo quieran llamar.
Dicen que soy "idealista". Y sí: me considero férreamente idealista.
Creo en el poder de la voluntad y de las ideas.

Por eso, también creo en esa declaración que leí desde el tren con alegría, como en tantas otras en pos del amor que escuché a lo largo de mis 24 años de vida. Entre otras muchas: "Todo lo que necesitás es amor"; "Hacé el amor, no la guerra"; "El amor encontrará un camino"; "Y al final, el amor que te llevás es igual al amor que dás".
¿Será porque crecí escuchando lindas melodías con letras amorosas y pacíficas?
¿Será porque mi mamá no quiso que viera "Los pitufos" porque representaban a los siete pecados capitales (que yo llamaba federales en un momento)? Entre tantas otras cosas que evitó que yo y mis hermanos consumiéramos...
¿Será porque casi no vi telenovelas para adolescentes mientras mis compañeritas de curso hablaban de eso como si fuera la primicia?
Y yo que ya escuchaba Queen y Los Beatles, o bandas de rock que ponían mis hermanos mayores a todo volumen, con letras que incitaban a ser un adolescente rebelde/ revolucionario/a, y a cuestionar lo convencional y lo establecido.

No sé qué es lo que crece dentro de cada ser, pero creo que hay algo que se mantiene a lo largo de la vida...
Es que cuando se vive para amar, el amor va a estar.
Se va a presentar, y te va a saludar cada noche y cada mañana.
Cada día te va a acompañar.
Y cuando estás confundido, es la vía más viable.
La que no afloja.
La más fuerte.
La ideal.



Átomo - Juan Agustin Benitez Vibart



Imagina.
Un Átomo.
Un centro positivo conformado por protons y neutrons.
Y energia negativa que circula alrededor de el conformada por electrons.
Ahora imagina.
Una persona como tu.
Conformada por un centro de energia positiva, y neutrons sin carga que vendrian a ser lo material, tu cuerpo.
La energia negativa es la creada por tu mente, osea los pensamientos que giran sin cesar y no tienen material, son energia , alrededor tuyo. Van y vienen de forma continua.
Ahora.
Si logras salirte de tus pensamientos.
Osea simplemente mirarlos, observarlos, pero sin identificarte con ellos.
Identificarte en vez con tu centro positivo.
Ser tu centro positivo.
Residir ahi. Y hacerlo crecer, momento a momento. Todo el tiempo.
Tu carga positiva se incrementa.
Indefectiblemente la carga negativa que gira alrededor tuyo debe ser equilibrada.
Como logras esto?
Absorbiendo las cargas negativas de otras personas.
O sea liberandolos de su carga negativa, absorbiendola tu.
Y asi acercandote a tu equilibrio.
Ahora si sigues haciendo esto permanentemente.
Magnificando tu cantidad de protons insaciablemente.
Llegara un momento, en que a las personas con las que pasas mas tiempo,
Podrias liberarlas de su carga negativa y centrarlas para que se vuelvan positivas.
Asi estas a su vez se volverian mas positivas y tendrian que absorber las cargas de otras personas.
Y asi podemos todos ser librados de la energia negativa de nuestras mentes.
O sea tan solo disfrutar, en goce continuo.
Eso es el cielo en la Tierra.
Paz, armonia, y extasis en la chochez.
Eso son los amigos y las novias.
Personas unidas por unions covalentes.
Que comparten cosas negativas y asi se equilibran parcialmente y forman grupos .
Debe haber atomos capaces de poseer mayor carga positiva que otros.
Imaginense las posibilidades.
Se formarian compuestos.
De todo.
Esto tambien vendria a ser el secreto de la vida eternal.
Ya que si te estabilizas por completo estas en armonia.
No se pierde energia.
Sos un atomo. Sos perfecto.


Juan Agustin Benitez Vibart



Y este dibujo lo hizo mi hermana Pilar (marzo 2011)
sin intención de hacer referencia al texto arriba, en su momento

Juan me dijo que podría subir su texto (de diciembre de 2004 apróx) con este dibujo de Pilar. 



Dos citas: Holderlin y Marx


“Vuelve al lugar de donde procedes, a los brazos de la naturaleza. Ser uno con todo, ese es el cielo del hombre. Volver al todo de la naturaleza.”

Hiperión de Friedrich Hölderlin


"No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia."

Contribución a la crítica de la economía política de Karl Marx