dijo Bertolt Brecht




No acepten lo habitual como cosa natural,
pues en tiempos de desorden sangriento,
de confusión organizada,
de arbitrariedad consciente,
de humanidad deshumanizada,
nada debe parecer natural;
nada debe parecer imposible de cambiar.



Bertolt Brecht (1898-1956)
Marxista alemán. Poeta, dramaturgo y director de teatro.



The Great Dictator / El gran dictador (speech) - Dir: Charlie Chaplin (1940)





Había leído parte de este discurso, pero no había visto la película. No la ví entera porque la agarré en la tele empezada.
El discurso final (conocido como el "Look up, Hannah!" speech), no lo encontré traducido al castellano. Son las palabras de un dueño de un barbershop, que es un doble del dictador.


A Jewish Barber: I'm sorry, but I don't want to be an emperor. That's not my business. I don't want to rule or conquer anyone. I should like to help everyone if possible; Jew, Gentile, black man, white. We all want to help one another. Human beings are like that. We want to live by each other's happiness, not by each other's misery. We don't want to hate and despise one another. In this world there is room for everyone, and the good earth is rich and can provide for everyone. The way of life can be free and beautiful, but we have lost the way. Greed has poisoned men's souls, has barricaded the world with hate, has goose-stepped us into misery and bloodshed. We have developed speed, but we have shut ourselves in. Machinery that gives abundance has left us in want. Our knowledge as made us cynical; our cleverness, hard and unkind. We think too much and feel too little. More than machinery, we need humanity. More than cleverness, we need kindness and gentleness. Without these qualities, life will be violent and all will be lost. The airplane and the radio have brought us closer together. The very nature of these inventions cries out for the goodness in men; cries out for universal brotherhood; for the unity of us all. Even now my voice is reaching millions throughout the world, millions of despairing men, women, and little children, victims of a system that makes men torture and imprison innocent people. To those who can hear me, I say, do not despair. The misery that is now upon us is but the passing of greed, the bitterness of men who fear the way of human progress. The hate of men will pass, and dictators die, and the power they took from the people will return to the people. And so long as men die, liberty will never perish. Soldiers! Don't give yourselves to brutes, men who despise you, enslave you; who regiment your lives, tell you what to do, what to think and what to feel! Who drill you, diet you, treat you like cattle, use you as cannon fodder. Don't give yourselves to these unnatural men - machine men with machine minds and machine hearts! You are not machines, you are not cattle, you are men! You have the love of humanity in your hearts! You don't hate! Only the unloved hate; the unloved and the unnatural. Soldiers! Don't fight for slavery! Fight for liberty! In the seventeenth chapter of St. Luke, it is written that the kingdom of God is within man, not one man nor a group of men, but in all men! In you! You, the people, have the power, the power to create machines, the power to create happiness! You, the people, have the power to make this life free and beautiful, to make this life a wonderful adventure. Then in the name of democracy, let us use that power. Let us all unite. Let us fight for a new world, a decent world that will give men a chance to work, that will give youth a future and old age a security. By the promise of these things, brutes have risen to power. But they lie! They do not fulfill that promise. They never will! Dictators free themselves but they enslave the people. Now let us fight to fulfill that promise. Let us fight to free the world! To do away with national barriers! To do away with greed, with hate and intolerance! Let us fight for a world of reason, a world where science and progress will lead to all men's happiness. Soldiers, in the name of democracy, let us all unite! Hannah, can you hear me? Wherever you are, look up Hannah! The clouds are lifting! The sun is breaking through! We are coming out of the darkness into the light! We are coming into a new world; a kindlier world, where men will rise above their hate, their greed, and brutality. Look up, Hannah! The soul of man has been given wings and at last he is beginning to fly. He is flying into the rainbow! Into the light of hope, into the future! The glorious future, that belongs to you, to me and to all of us. Look up, Hannah. Look up!



El Árbol de la Vida - Gustav Klimt (1905)


Me gusta mucho Klimt (me lo presentó una amiga en 2006 porque le encantaba "El Beso").
Me encanta su estética. Cada uno le puede dar su propia interpretación.





Anton Corbijn



Les recomiendo ver el video clip de "Atmosphere", de Joy Division, dirigido por Anton Corbijn:
http://youtube.com/watch?v=0We9d5J3BLQ

http://www.corbijn.co.uk/
Corbijn es un fotógrafo y director de video clips holandés muyy reconocido! tremendo!
Sólo hizo un largometraje, que es sobre Ian Curtis, el cantante de Joy Division: "Control" (2006), que me gustó mucho!
usa mucho el blanco y negro... además, hay muchas tapas de cds de fotografías de él.
Indudablemente, un groso que entró hace poco en mi mundo...!



William Blake (1757-1827)


Blake fue un artista, poeta, místico inglés nacido en Londres, que inspiró a muchos poetas de la época BEAT(beatniks, en los 50s)


To see the world in a grain of sand,
And Heaven in a wild flower,
Hold infinity in the palm of your hand
And eternity in an hour.

He who binds himself to a joy
Does the winged life destroy;
He who kisses joy as it flies
Lives in eternity's sun rise



La frase más conocida de Blake es:
"If the doors of perception were cleansed everything would appear to man as it is, infinite."
...por la cual Aldous Huxley tituló a un libro "The doors of perception"(1954) y Jim Morrison llamó a su banda The Doors...
http://www.online-literature.com/blake/




TRANSPORTE - Juan Agustin Benitez Vibart


Nunca se había sentido mejor en su vida. Los tenues rayos de sol de otoño calentaban sus mejillas y él sólo cerraba sus ojos para disfrutarlo plenamente. A la vez, la fresca brisa matutina acariciaba su rostro con ternura, recordándole a su madre en un pasado remoto, casi olvidado. Su paso ansioso y apresurado se disipó poco a poco, dio lugar a un ritmo relajado, distendido. El crujiente ruido de la alfombra de hojas bajo sus pies fue cesando hasta hacerse inaudible. La vereda se alejaba con cada paso, y sus zapatillas se despegaban de la loza sin poder evitarlo. Ya no estaba caminando. Sus pasos no eran pasos sino trazos involuntarios que lo deslizaban a otro mundo. A medida que dejaba atrás su cuerpo menos deseaba volver a él. Todo a su alrededor era hermoso, escuchaba lo que quería escuchar y sentía lo que deseaba sentir. Ya no le molestaba esa maldita vena del brazo derecho, infectada por las incontables agujas que la habían corrompido. A tal punto se compenetró en su planeta que se desvanecieron su pasado, sus penas, sus rencores. Nada había que él no deseara en la perfección de lo que había creado esa hermosa mañana de otoño. Gradualmente comenzó a sentir que no volvería jamás a su otra vida, anhelaba permanecer en su nube de ensueño eternamente. No obstante, sin saber por qué, súbitamente comenzó a sentirse perturbado. Un ruido estridente e incesante invadió su cabeza para arrebatarle su tan preciada armonía. El enojo y la desesperación suplantaron la paz y tranquilidad, ya que nada lo detenía y se duplicaba segundo a segundo. Hasta que no pudo soportarlo. Por más que quisiera resistirse, el invasor resonaba en su cráneo despedazando su útopico mundo, su invalorable universo. Sin otro remedio, abrió sus ojos, que eran su portal a la dimensión que había querido abandonar. Y en ese momento no sintió nada más, ni los tenues rayos, ni la suave brisa, ni las crujientes hojas, tampoco la creciente vereda; sólo alcanzó a divisar la placa SIC 332




Los ojos de los pobres - Charles Baudelaire (circa 1860)


"¡Ah! Queréis saber por qué os odio hoy. Sin duda a vos os será menos fácil comprenderlo que a mí explicarlo, pues sois, según creo, el más bello ejemplo de impermeabilidad femenina que pueda encontrarse.

Habíamos pasado juntos una larga jornada que me había parecido corta. Nos habíamos prometido mutuamente que todos nuestros pensamientos serían comunes y que, en lo sucesivo, nuestras dos almas no serían sino una —un sueño que, después de todo, no tiene nada de original, sino es el que, soñado por todos los hombres, no ha sido realizado por ninguno.

Por la noche, algo cansada, quisisteis sentaros en un café nuevo que hacía esquina con un nuevo bulevar, todavía lleno de cascotes y enseñando ya gloriosamente sus inacabados esplendores. El café refulgía. El mismo gas desplegaba allí todo el ardor de un debut, e iluminaba con todas sus fuerzas las paredes, cegadoras de blancura, las deslumbrantes superficies de los espejos, los oros de las medias cañas y de las cornisas, los pajes de abultadas mejillas arrastrados por una traílla de perros, las damas sonriendo al halcón perchado en su puño, las ninfas y las diosas que llevaban sobre su cabeza frutas, pasteles y caza, Hebe y Ganimedes que ofrecían a brazo tendido la pequeña ánfora de bavaroise, o el obelisco bicolor de los arlequines; toda la historia y toda la glotonería puestas al servicio de la glotonería.

Justo ante nosotros, sobre la calzada, estaba plantado un hombre de unos cuarenta años, el rostro cansado, la barba grisácea, llevando de una mano a un niño y sosteniendo con la otra a un ser demasiado débil para caminar. Hacía de niñera y llevaba a sus hijos a tomar el aire del atardecer. Todos en andrajos. Los tres rostros estaban extraordinariamente serios, y aquellos seis ojos contemplaban fijamente el nuevo café con idéntica admiración, matizada por los años de forma diversa.

Los ojos del padre decían: «¡Qué hermoso! ¡Qué hermoso!; se diría que todo el oro del mísero mundo ha venido a mostrarse en estas paredes.» —Los ojos del niño: «¡Qué hermoso! ¡Qué hermoso!; pero es una casa donde sólo pueden entrar personas que no son como nosotros.» —Los ojos del más pequeño estaban demasiado fascinados para expresar otra cosa que no fuese una alegría estúpida y profunda.

Los cancioneros dicen que el placer hace buena al alma y ablanda el corazón. Respecto de mí, la canción estaba en lo cierto aquella noche. No sólo me había enternecido ante aquella familia de ojos, sino que además sentía cierta vergüenza por nuestros vasos y garrafas, mayores que nuestra sed. Volví la mirada hacia la vuestra, mi querido amor, para leer en ella mi pensamiento; me zambullí en vuestros ojos tan bellos y tan extrañamente suaves, en vuestros ojos verdes, habitados por el Capricho e inspirados por la Luna, cuando me dijisteis: «¡Esa gente me resulta insoportable, con sus ojos abiertos como puertas de una cochera! ¿No podrías rogar al dueño del café que los apartase de aquí?»

¡Tan difícil es entenderse, querido ángel mío, y tan incomunicable es el pensamiento, incluso entre personas que se aman!"


El spleen de París / Pequeños poemas en prosa. Los paraísos artificiales, Charles Baudelaire.
Las cincuenta secciones que lo componen se redactaron entre 1855 y 1864. El libro fue publicado póstumamente en 1869 como parte del IV tomo de las obras completas de Baudelaire. Es considerado uno de los mayores precursores de la poesía en prosa.



Easy Rider - Dir: Dennis Hopper (1969)


Les recomiendo esta película de Dennis Hopper (1969) porque tal calidad es díficil de superar: desde los actores, la estética del montaje, la banda sonora, hasta lo planos y el guión(simple pero profundo).. Tremenda!!! Veía que la nombraban por todos lados, me preseguía, y finalmente la ví. Muy recomendable!

Con Peter Fonda (muy lindo), Jack Nicholson (buenísimoooo) y Dennis Hopper.

Temas que más me gustaron (todos son muy buenos): "Ballad Of Easy Rider" (de Roger McGuinn) y "If Six was Nine" (de The Jimi Hendrix Experience).