Música en cuerpo y alma (nota sobre Eduardo Mateo) - Martina Benitez Vibart

Escribí una nota sobre MATEO, gran músico uruguayo, para un proyecto de revista para Patito Reo http://asociacioncivilpatitoreo.blogspot.com/

Eduardo Mateo
UN MÚSICO EN CUERPO Y ALMA


“Canta… que en el cuerpo un templo guarda el alma”

Cuerpo y alma, 1984.

En cuanto me dí cuenta de la ardua tarea que sería escribir una nota sobre Eduardo Mateo, pensé que me había metido en un campo muy complicado y no creí poder afrontarlo, pero después me gustó la idea de tal desafío, ya que también fue un desafío conseguir sus discos y la satisfacción que da escucharlos y compartirlos definitivamente vale el esfuerzo de la búsqueda y mucho más…
Por el momento, tengo cinco discos con la presencia Eduardo Mateo, uruguayo, precursor del Candombe-beat (candombe con influencias de otros géneros como el bossa nova, pop, rock y más), que experimentó la música entre las décadas de los ’60 y ’80. Igualmente, más allá de los discos que uno pueda conseguir de Mateo, lo que más estremece es el momento en que uno se deja llevar por su música, por esa rítmica que atrapa y logra, con sencillez, abrazar a cualquiera que le apasione la música y la poesía.

Mateo nació en 1940, el mismo año que John Lennon. Dos genios de la “música popular” llegaron a este caótico mundo con menos de un mes y un océano de diferencia (uno en Montevideo, el otro en Liverpool). Me parece un dato para destacar, por el momento y lugar en que cada uno creció y cómo esto influyó en sus creaciones, las cuales se pueden considerar experimentales, innovadoras, por lo tanto, revolucionarias.

Nacido en Montevideo, Mateo tuvo una infancia con mucha presencia musical, más que nada de percusión. Creció entre tamboriles, escuchando y tocando samba y candombe. Dejó el colegio sin terminar la secundaria, y se dedicó a la música. Así, en 1958, formó su primera banda (influido mayormente por “Os Demônios da Garoa”), de samba, que se disolvería en 1962 apróximadamente. Esto no le afectó porque empezó a sentir mayor interés por la bossa nova, por lo que ya dedicaba más tiempo de práctica a la guitarra. En 1965, formó parte de Los Malditos (luego The Knights) con gran influencia de The Beatles.
Hacia finales de la década de los ’60 en Montevideo se gestó una movida de “Conciertos Beat”, época en que Mateo conoció a Diane Denoir (cantante de 19 años en ese entonces, musa inspiradora de Mateo) y formó parte, como guitarrista, del trío que la acompañaba. En esos recitales se tocaron, por primera vez, canciones de Eduardo Mateo: Y hoy te vi, Esa tristeza y Mejor me voy —dedicadas a Denoir—, así como una versión en francés de Estoy sin ti (“Je suis sans toi”), las cuales hoy forman parte del CD editado en 1998 por Los Años Luz Discos, bajo el nombre “Inéditas - Diane Denoir/Eduardo Mateo”.
Entre 1967 y 1970, integró El Kinto junto a Rubén Rada, Urbano Moraes y Mario Cabral y más. Con un original repertorio de melodías en castellano, muy buenos arreglos, toques de candombe y su fusión con otros ritmos latinoamericanos, El Kinto logró cierto prestigio y un público estable.

Circa 1968 (con El Kinto. compilado en 1972) Reeditado en 2006.
Diane Denoir (1972) Reeditado por Índice Virgen en Argentina, en 2005.
Inéditas (Eduardo Mateo/Diane Denoir) Años luz discos
Mateo solo bien se lame (De la planta. 1972) Reeditado en 2006.
Cuerpo y alma (Sondor. 1984) Reeditado y remasterizado en 2008.


Participó de la grabación del disco de Diane Denoir, donde interpreta varias canciones de él. “Lo arrastró” de Montevideo a Buenos Aires para que estuviera presente.
Tras su paso por Buenos Aires entre 1970 y 1971, grabó “Mateo solo bien se lame”, disco trascendental en la música popular uruguaya.
En la segunda mitad de los ’70, grabó con Trasante pero después, a la par con la complicada realidad social que se vivía en el país por la dictadura, Mateo se encontraba en una situación económica y emocional muy difícil, no tenía casa y vagaba de un lado a otro.
Tras un período emocional difícil, volvió al estudio en 1983 con “Cuerpo y alma” (uno de sus discos más reconocidos) y al año siguiente comenzó un proyecto bajo el concepto La Máquina del Tiempo (Mateo era aficionado a la ciencia ficción), con la colaboración de Buscaglia y Roos entre otros, de música experimental con influencias de jazz. Sus conciertos eran “como un viaje”, pocos los podían apreciar y la mayoría de la gente (la crítica también) los consideraba un delirio.
Eduardo Mateo tuvo diferentes facetas, estaba en constante cambio, por eso es que hoy podemos disfrutar de su legado musical con mucha admiración. Horacio “Corto” Buscaglia, Diane Denoir, Fernando Cabrera, Jorge Trasante, Rubén Rada, Jaime Roos y Hugo Fattoruso son sólo algunos de los que compartieron escenario y/o estudio con Mateo, y todos coinciden en que era un tipo sumamente exigente y serio a la hora de hacer música. Falleció en 1990, en su ciudad natal, dos semanas después de que le diagnosticaran cancer abdominal.
Artista en cuerpo y alma, con una obra valorada y reconocida como debía recién después de su muerte, Mateo vivió para dejar “un legado” que se podría llamar mágico, que a pesar de ser complejo parece simple, y que no deja de sorprender e inspirar a algunos que buscan un oasis en el desierto.


Nota por Martina Benitez Vibart, a pedido de Iñaki Arzuaga (amigo músico)